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Biografía

La producción teatral de Moreto en su trayectoria vital

 

foto De origen italiano, Moreto nació en Madrid en 1618 de una familia acomodada y fue el sexto de nueve hermanos. Estudió súmulas, lógica y física en Alcalá de Henares desde 1634 hasta 1637 y se graduó en Artes en 1639.


No son muchos los datos que tenemos de su biografía, pero interesan especialmente los que relacionan su vida con su producción teatral.

 

 

fotoDurante sus años de estudiante comenzó a componer sus primeros poemas y obras teatrales breves como el entremés El poeta, en el que se encuentran referencias a los concursos poéticos que eran habituales en ambientes académicos. También anteriores a su graduación son dos comedias escritas en colaboración con otros autores, como era costumbre en la época: Tanto hagas cuanto pagues, atribuida a Lope, Moreto y Rojas Zorrilla, y La renegada de Valladolid, junto a Belmonte y Martínez de Meneses, lo que da pie a pensar que Moreto tenía ya el suficiente prestigio como para trabajar con nombres bien conocidos en la época. En 1639 se publicaron sus poesías panegíricas a la muerte temprana de Juan Pérez de Montalbán y esa fecha se suele dar como la primera de su reconocimiento literario.

 

 

fotoEse año la compañía de Antonio García de Prado representó en Sevilla su entremés La Perendeca, quizá con ocasión de las fiestas del Corpus por algunas referencias que contiene la obra. En ese primer periodo escribió también el Entremés para la noche de San Juan.


Se ordenó clérigo de órdenes menores en 1642 y obtuvo un beneficio simple servidero en Santa María Magdalena, iglesia parroquial de Mondéjar perteneciente a Guadalajara, que era diócesis de Toledo, aunque su residencia habitual fue Madrid. Más tarde entró en contacto con el rey Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares y comenzó su actividad dramática en la corte, en la que coincidió con dramaturgos reconocidos. Antes del año 1644 -fecha de la muerte de Luis Vélez de Guevara- se improvisó una comedia en el Coliseo del Buen Retiro ante Felipe IV, en la que actuó junto a Vélez de Guevara y Calderón de la Barca.

 

 

fotoCuando en 1643 murió su padre, sus comedias se representaban en Madrid junto a las de autores como Calderón. Fueron años difíciles para el teatro porque la muerte de la reina Isabel, primera esposa de Felipe IV, hizo que en Madrid se cerrasen los teatros en señal de duelo hasta 1651. Ese año se celebró la canonización de San Francisco de Sena y Moreto contribuyó a su celebración con su comedia El lego del Carmen, San Franco de Sena.


Fue entonces cuando Moreto entró a formar parte de la Academia Castellana y con poco más de treinta años era ya un escritor reconocido a principios de los años cincuenta. Lo testimonian sus representaciones en palacio durante este periodo oscuro para los corrales de comedias, cuyo fin hizo posible que, además de en la corte, sus obras volvieran a representarse en los tablados públicos. Algunas muestras de ello pueden ser dos obras representadas en el Cuarto de La Reina entre 1650 y 1652: Nuestra Señora de la Aurora, escrita en colaboración con Cáncer y El licenciado Vidriera.

 

 

fotoPara la apertura de los corrales debió preparar algunas piezas breves, entre las que se cuenta el baile entremesado de El rey don Rodrigo y la Cava, de carácter burlesco, impreso por primera vez en 1655. Fue en 1654 cuando en el texto de La fuerza de la ley se manifestó como buen conocedor de los entresijos del mundo teatral.


Moreto seguía en Madrid en 1654 cuando Diego Díaz de la Carrera publicó la Primera parte de sus comedias a costa de Mateo de la Bastida, con las doce obras acostumbradas, entre las que se encontraba una de sus mejores comedias, El desdén, con el desdén, que debió escribirse poco antes.

 

 

fotoLas fiestas reales tuvieron gran desarrollo a partir de 1655, fecha en que se encargaron al Marqués de Heliche. El baile entremesado de El Mellado, dedicado al mundo del hampa, lo escribió para celebrar en 1655 el cumpleaños de la Princesa niña Margarita María, a quien llama “pimpollo tierno” [v. 193]. Ese año representó también en Madrid la Loa para los años del emperador de Alemania, dedicada a Fernando III, que moriría dos años después, y se desplazó a Sevilla en 1656, ciudad en la que se representarían algunas de sus piezas breves escritas para el Corpus. Poco posteriores fueron los entremeses El retrato vivo, El hijo del vecino y La reliquia, impresos ya en 1658.


El dramaturgo trabajaba con intensidad en aquellos momentos para palacio, tanto en piezas breves como en otras más extensas. Los entremeses El alcalde de Alcorcón y Las fiestas de palacio se representaron en enero de 1658 con motivo de la salida de la Reina a misa a la Real Capilla y formaron parte de un grupo de festejos con los que el pueblo de Madrid manifestó su contento al ver asegurada la sucesión de la monarquía. Por otra parte, el baile Los oficios coincide en los principales actores con los que representaron el entremés El alcalde de Alcorcón en 1658, por lo que pudieron representarse en torno a las mismas fechas.

 

 

fotoEn cuanto a sus comedias, según los datos de que disponemos hasta el momento parece que predominan las representadas en espacios privados de la corte frente a las que lo fueron en corral. Entre estas últimas cabe destacar que en noviembre de 1659, Sebastián de Prado hizo ante el rey la obra de Moreto No puede ser el guardar una mujer, a la que la documentación llama “nueva comedia” en aquella ocasión, por lo que debió estrenarse entonces. Sin embargo, en muchos casos esas comedias llevadas a palacio se hicieron también en los corrales de Madrid.


Algunas obras alternaron entre corral y corte, como sucedió con la comedia ‘vieja’ Lo que puede la aprensión, que el 3 de mayo de 1660 se vio en el corral de la Cruz hecha por la compañía de Jerónimo Vallejo y al día siguiente la representó Francisca Bezón en palacio. La demanda de representaciones por parte de la corte obligó en algunas ocasiones a que el director de la compañía tuviese que reponer obras ya estrenadas cuando no había suficiente tiempo para preparar bien el festejo. Con ocasión del tercer cumpleaños de Felipe Próspero en 1660, Diego Osorio volvió a representar De fuera vendrá quien de casa nos echará, comedia compuesta posiblemente en 1653 pero representada aquí con loa y sainetes nuevos, para reemplazar a la "fiesta grande" que se aplazó hasta que los actores la aprendiesen bien. También en el Retiro se hizo el año siguiente Fingir y amar.

 

 

fotoLos datos localizados hasta ahora sobre representaciones de comedias permiten suponer que el ritmo de estrenos decreció desde esas fechas hasta los años ochenta en que se repusieron numerosas de sus obras, especialmente en palacio, a cargo de las compañías más famosas de la época entre las que se cuentan las de Manuel Vallejo, Jerónimo García, Francisca Bezón, Simón Aguado, Eufrasia María, Rosendo López de Estrada y Agustín Manuel. Con todo, sí hay datos que permiten afirmar que el dramaturgo continuó escribiendo teatro después de su ordenación sacerdotal. Poco después de la comedia que hizo en el Buen Retiro, citada antes, preparó para los autos del Corpus de Madrid de 1661 el que sería uno de sus mejores entremeses, El vestuario, dedicado a la vida teatral.

 

 

El cardenal arzobispo de Toledo, don Baltasar de Moscoso y Sandoval, lo tomó pronto bajo su protección. En su biografía se indica que nombró a Moreto capellán de la Hermandad del Refugio o de San Pedro.

 

 

foto El dramaturgo estuvo en Toledo al menos entre los años 1662 y 1668, en los que era ya sacerdote, vinculado como presbítero a la iglesia de San Nicolás y, frente a opiniones que han defendido que dejo de escribir al ordenarse sacerdote, el estudio de la cronología de sus obras indica que las compuso y que se representaron hasta su muerte. Por ejemplo en 1662 se representó el entremés La loa de Juan Rana, para celebrar a la Reina Mariana y también en una fiesta real se hizo El ayo que tuvo como protagonista de nuevo a Juan Rana, esta vez en una de sus últimas actuaciones.

 

En 1662 se publicaron dos de sus grandes comedias: El lindo Don Diego y Primero es la honra. No muy lejos de ellas debió escribirse el entremés El aguador, impreso por primera vez en 1661, que contiene un tema muy relacionado con el de El lindo.

 

 

fotoLos entremeses Los galanes y La bota debieron ser poco posteriores pues su primera edición fue en el volumen titulado Tardes apacibles de 1663. En el año 1664 el rey asistió a la representación de La fingida Arcadia, realizada en colaboración entre Moreto, Calderón y Coello.


Los corrales del Príncipe y de la Cruz interrumpieron sus representaciones por la muerte del rey Felipe IV entre 1665 y 1667. Buena parte de esa década la pasó Moreto en Toledo y en su testamento de 1669 dijo ser vecino de esa ciudad. En esa última voluntad indicó que dejaba todos sus bienes a los pobres. Parece que en aquella época escribía Santa Rosa de Perú, obra que debió acabar su colega en el oficio, Lanini. Una carta de pago del día siguiente aporta el dato de que Moreto –ausente por estar enfermo- era capellán del convento popularmente llamado de la Vida Pobre, en realidad de religiosas jerónimas.

 

 

fotoMurió tres días más tarde y no fue enterrado donde él quería, en el cementerio de los pobres, el Pradillo del Carmen, sino en la Capilla de la Escuela de Cristo, en la Parroquia de San Juan.


De las noticias hasta aquí expuestas podemos concluir que, contra todo pronóstico, el periodo de máxima actividad dramática de Moreto se desarrolló después de su ordenación sacerdotal. En lo que se refiere a su teatro breve, entre los años 1655 y 1664 se representaron algo más de treinta loas, entremeses y bailes, mientras sólo cuatro piezas pertenecen a la época anterior. Coincide en esta característica con otro gran autor de su siglo, Calderón de la Barca. Ordenados ambos sacerdotes a comienzos de los años cincuenta, continuaron su labor teatral en torno a las fiestas del Corpus y a otras de tipo palaciego. Moreto intervino en los escenarios de modo muy regular durante esos años. Dan cuenta de la calidad de su teatro, además de las numerosas representaciones que reflejan el gusto del público, el ver incluidos entre los autores de las compañías que las escenificaron a los más célebres de su siglo, al frente de actores y actrices de gran popularidad, como indican las nóminas que se han conservado.

 

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